Principios
Las hormonas son sustancias químicas
señalizadoras, sintetizadas por células especializadas en glándulas endócrinas,
antes de ser liberadas al torrente sanguíneo. La sangre las transporta hacia
los órganos efectores donde ejercerán efectos biológicos y fisiológicos
específicos.
a.
Sistema
de regulación hormonal
Cada hormona es el centro de un sistema de
regulación hormonal muy complejo. Las hormonas se sintetizan a partir de
precursores y, frecuentemente, se almacenan en células glandulares especializadas
antes de ser liberadas al torrente sanguíneo, según se requiera. Algunas son
transportadas en asociación con proteínas plasmáticas (transportadores
hormonales) a las que se unen en forma reversible. La interconversión química
de hormonas en el hígado lleva, generalmente, a su inactivación. Las hormonas y
sus productos de degradación se eliminan, finalmente, a través del sistema
excretorio, generalmente los riñones.
En los tejidos efectores (blancos) se
encuentran las células efectoras que reciben la señal hormonal. Estas células
poseen receptores hormonales (macromoléculas capaces de unir sustancias
biológicamente activas produciendo, como resultado de esta interacción, una
respuesta fisiológica) que unirán las hormonas. La unión de la hormona pasa la
información a la célula y desencadena una respuesta.
b.
Principios
de traducción de una señal hormonal en las células efectoras
Existen dos formas diferentes mediante las
que un mensaje puede ser transmitido de una hormona a la célula efectora. Las hormonas
lipofílicas entran a la célula y ejercen su efecto, en la mayoría de los casos,
sobre el núcleo, mientras que las hormonas hidrofílicas actúan en la membrana
celular.
Las hormonas lipofílicas, que incluyen a los
esteroides, tiroxina y retinoides, cruzan la membrana plasmática y se unen a
receptores específicos dentro de la célula efectora. El complejo
hormona-receptor ejerce, luego, su efecto sobre la transcripción de genes
específicos en el núcleo (control transcripcional). El aumento o disminución de
la síntesis de mARN específicos lleva a una alteración en la cantidad de las
proteínas correspondientes. Esto dispara una respuesta celular.
Las hormonas hidrofílicas, que involucran a
hormonas derivadas de aminoácidos, peptídicas y proteohormonas, se unen a
receptores específicos en el exterior de la membrana celular. Esto dispara la
síntesis de los llamados segundos mensajeros dentro de la célula. Son estos
segundos mensajeros los que llevarán a cabo la respuesta celular a la acción
hormonal.
Más información
La diferencia entre hormonas y sustancias
señalizantes, tales como mediadores, neurotransmisores y factores de
crecimiento no es particularmente rígida. En muchos casos, estas sustancias
comparten modos de síntesis, degradación y acción comunes.
Además de las hormonas clásicas o a larga
distancia, existen hormonas tisulares (parahormonas) que solo actúan en las
inmediaciones de las células glandulares que las producen. Llegan a su célula
efectora por difusión a través del espacio extracelular, antes que por
transporte en la sangre. Estas hormonas son abundantes en el tracto digestivo,
donde regulan procesos digestivos.
Los mediadores con sustancias señalizantes
producidas por diferentes tipos celulares, antes que ser formados en células
glandulares especializadas. Luego de su liberación, pueden tener efectos
símil-hormona en las inmediaciones. Los más importantes son la histamina y las
prostaglandinas.
Las neurohormonas y neurotransmisores son
sustancias señalizantes producidas y liberadas por las células nerviosas.
Niveles plasmáticos y jerarquía hormonal
a.
Efectos
endocrinos, paracrinos y autocrinos
Las hormonas transfieren señales moviéndose
de su sitio de síntesis a su sitio de acción. Generalmente se transportan en la
sangre. En este caso, se dice que poseen un efecto endocrino, por ejemplo la
insulina. Por el contrario, las hormonas tisulares, cuyas células efectoras
están inmediatamente adyacentes a las células glandulares que las producen,
poseen un efecto paracrino, por ejemplo las hormonas del tracto
gastrointestinal. Cuando las moléculas señalizantes ejercen su efecto en la
misma célula que las produjo, se dice que poseen un efecto autocrino, por
ejemplo las prostaglandinas. La insulina, formada en las células B
pancreáticas, posee tanto efectos endocrinos y paracrinos. Muchas hormonas
presentan efectos duales como estos. En la regulación del metabolismo de la
glucosa y de los lípidos, la insulina actúa como una hormona endocrina,
mientras que emplea un mecanismo paracrino para inhibir la formación y
liberación de glucagon por las células A vecinas en los islotes pancreáticos.
b.
Dinámica
de los niveles plasmáticos
La concentración sanguínea de las hormonas
que actúan como sustancias señalizantes es muy baja (entre 10-7 y 10-12
M). Sin embargo, estas concentraciones pueden mostrar variaciones
considerables. Los niveles hormonales varían periódicamente en ciclos o ritmos,
los que dependen del momento del día, mes o año o del ciclo sexual. Otras
hormonas se liberal al torrente sanguíneo de una manera irregular. Esto lleva a
cambios episódicos o pulsátiles en la concentración de la hormona en sangre. La
concentración plasmática de otros hormonas se encuentra regulada por eventos.
Estas hormonas son liberadas como parte de la respuesta del organismo a
condiciones alteradas dentro o fuera del cuerpo.
La concentración hormonal en sangre se
encuentra regulada de manera muy precisa. Esto se consigue por una síntesis y
liberación controladas. Las velocidades de estos procesos están determinadas
por simples lazos de retroalimentación ("feedback") o por una
jerarquía de efectos.
c.
Circuito
regulatorio
La síntesis y liberación de la insulina por
las células B del páncreas es estimulada por los altos niveles sanguíneos de
glucosa (> 5 mM). La liberación de insulina estimula la incorporación y
utilización de glucosa por las células del músculo y tejido adiposo. Como
resultado, los niveles de glucosa disminuyen a sus valores normales (5 mM) y
cesa la liberación de insulina.
d.
Jerarquía
hormonal
Es muy común, para diferentes sistemas
hormonales, que se encuentren asociados entre ellos. En algunos casos, forman
una jerarquía. El ejemplo más importante es el llamado eje
hipotalámico-hipofisario, que se encuentra controlado por el sistema nervioso
central. Las células nerviosas del hipotálamo reaccionan a estímulos positivos
o negativos del sistema nervioso liberando activadores o inhibidores, llamados
liberinas (hormonas de liberación) o estatinas, respectivamente. Las
neurohormonas viajan a través de vasos sanguíneos cortos a la adenohipófisis
donde estimularán (liberinas) o inhibirán (estatinas) la biosíntesis y
liberación de trofinas. Las trofinas, u hormonas glandotróficas, estimularán,
luego, glándulas periféricas para la síntesis de hormonas glandulares. Finalmente,
estas hormonas glandulares ejercerán su acción sobre las células efectoras. Las
hormonas glandulares, generalmente, inhiben la síntesis o secreción de otras
hormonas en la cascada regulatoria. Esta retroalimentación, generalmente
negativa, afecta las concentraciones de las hormonas más arriba en la
jerarquía.
Muchas hormonas importantes son parte de
tales ejes hormonales, por ejemplo cortisol, tiroxina, estradiol, progesterona
y testosterona.
Hormonas lipofílicas
Existen muchas hormonas y sustancias similares
a hormonas, por ejemplo en el hombre ya se han encontrado más de 100. Desde el
punto de vista de la bioquímica, tiene sentido una clasificación de estas
hormonas en lipofílicas e hidrofílicas, debido a que refleja las diferencias
entre sus mecanismos de acción.
Las hormonas lipofílicas son relativamente
pequeñas (300-800 Da). Se disuelven pobremente en medio acuoso y no se acumulan
en las células glandulares. Por el contrario, se liberan directamente luego de
su biosíntesis (una excepción es la tiroxina). Durante su transporte en la
sangre, están unidas a proteínas plasmáticas específicas (transportadores
hormonales). Todas las hormonas lipofílicas comparten un modo de acción común,
se unen a receptores intracelulares y, por lo tanto, afectan la transcripción.
Ejemplos son: progesterona, estradiol,
testosterona, cortisol, aldosterona, calcitriol, iodotironinas.
Hormonas hidrofílicas
Las hormonas hidrofílicas y las sustancias
similares derivan de aminoácidos, o son péptidos o proteínas compuestas por
aminoácidos. Usualmente se acumulan en cantidades significantes en las células
glandulares y se liberan de una manera controlada. La mayoría no requiere de
transportadores en sangre (excepto oxitocina, vasopresina, somatomedinas y
calcitonina). Las hormonas hidrofílicas ejercen sus efectos uniéndose a
receptores en la membrana celular.
Mecanismos de acción
a.
Mecanismo
de acción de hormonas lipofílicas
Las sustancias apolares con función
señalizadora son las hormonas esteroides, tiroxina y ácido retinoico (vitamina
A). Su principal sitio de acción en el núcleo de la célula efectora.
En la sangre, las hormonas lipofílicas se
encuentran unidas a proteínas transportadoras. Sin embargo, solamente las
moléculas de hormona libres pueden atravesar la membrana celular. Esto puede
ocurrir por simple permeación o por difusión facilitada. No se conoce, aún,
cómo llegan las hormonas esteroides al núcleo, lugar donde la mayoría de ellas
encuentra a sus receptores.
Las células efectoras para las hormonas
esteroides poseen un pequeño número de receptores hormonales (generalmente 103-104
moléculas por célula) que muestran una alta afinidad (Kd = 10-8 - 10-10
M), así como un alto nivel de especificidad por sus ligandos hormonales. La
unión de la hormona lleva a un cambio conformacional en la proteína receptora
que genera las siguientes respuestas: una proteína de shock térmico (hsp-90) se
disocia del receptor, lo que permite una dimerización del mismo que, a su vez,
aumenta su afinidad por la secuencia de ADN que lo reconoce.
El evento clave que desencadena la respuesta
de la célula a la hormona es la unión del dímero de receptores a la doble
cadena del ADN. Este complejo se une a cortas secuencias de nucleótidos,
conocidas como elementos respondedores a hormona (HRE). Estos son secuencias de
ADN palindrómicas que actúan como elementos amplificadores en la regulación de
la transcripción. Diferencias entre las secuencias de los diversos HREs proveen
la especificidad en la interacción entre el complejo hormona-receptor y el HRE,
es decir que solamente un HRE es reconocido por un complejo hormona-receptor.
Sin embargo, el mismo HRE puede controlar diferentes genes, dependiendo de la
presencia de otros factores de transcripción. Esto explica por qué la misma
hormona puede estimular respuestas diferentes en tejidos diferentes.
La unión de un dímero de receptor hormonal a
una secuencia amplificadora resulta en un aumento en la transcripción del gen
correspondiente. La activación de la transcripción puede ocurrir como resultado
de una alteración en la estructura del nucleosoma o a través de una interacción
directa del dímero del receptor con el complejo transcripcional (ARN polimerasa
y diversos factores proteicos). El efecto final de la hormona en la célula es
la alteración de la cantidad de especies de ARNm específicas que codifican para
proteínas claves que afectan las funciones celulares.
b.
Receptores
para hormonas lipofílicas
Existe un alto grado de similitud entre los
receptores para las diversas hormonas lipofílicas. Todos pertenecen a una única
superfamilia proteica. Los receptores contienen diferentes dominios con tamaños
y funciones variados. Cada receptor posee un dominio regulatorio, un dominio de
unión al ADN, un dominio corto que lo lleva hacia el núcleo y un dominio de unión
a la hormona. Los mayores grados de homología entre diferentes receptores se
encuentran en el dominio de unión al ADN. En esta región, los receptores
hormonales poseen agrupaciones repetidas del aminoácido cisteína. Estos
residuos de cisteína pueden coordinar iones Zn2+ y formar los
conocidos "dedos de cinc".
Las proteínas que poseen "dedos de
cinc" forman un grupo de factores de transcripción que no solamente
incluyen receptores para hormonas esteroides, tiroxina y ácido retinoico, sino
también al receptor que une la toxina ambiental dioxina, la proteína que es
producto del oncogen erb-A y una larga lista de otros factores, cuyos ligandos
no se conocen aún.
Es posible sintetizar compuestos que, sin ser
idénticos a la hormona de interés, se unen a su receptor. Si la unión de este
ligando desencadena el mismo efecto que la hormona natural, se dice que es una
agonista hormonal. Un ejemplo está dado por los anticonceptivos orales, que
contienen agonistas de estrógenos y progesterona. Por el contrario, un antagonista
hormonal, es un compuesto que se une al receptor pero no desencadena un efecto
hormonal, es decir que bloquea el efecto de la hormona endógena.
c.
Mecanismo
de acción de hormonas hidrofílicas
La mayoría de las sustancias señalizadoras
hidrofílicas no son capaces de atravesar la membrana celular. La transmisión de
la señal al interior celular ocurre a través de receptores localizados en la
membrana (transducción de señal). Los receptores son proteínas integrales de
membrana que unen la sustancia señal en el exterior de la membrana y sufren una
alteración en su estructura que dispara la liberación de una segunda señal en
el interior de la membrana. Estos receptores pueden clasificarse en tres tipos
diferentes.
1-
Receptores
tipo I poseen actividad enzimática. En muchos casos contienen dominios
intracelulares con actividad de tirosina quinasa. Estos dominios son activados
por la unión de la hormona a la parte extracelular del receptor y, luego,
fosforilan residuos de tirosina en otras proteínas. Además, el receptor se
fosforila, generalmente, a sí mismo. Otras proteínas se unen a los residuos de
tirosina fosforilados, se activan y transmiten la señal a otras partes de la
célula. Ejemplos de este tipo de receptores son los receptores para insulina y
diversos factores de crecimiento.
2-
Receptores
tipo II son canales iónicos. La unión de la sustancia señal causa una inmediata
apertura del canal, permitiendo que iones específicos, por ejemplo Na+,
K+ o Cl-, atraviesen. La célula responde a los cambios en
la concentración intracelular iónica resultante de formas específicas. Este es
el mecanismo por el que actúan los neurotransmisores, tales como la
acetilcolina y el GABA.
3-
Receptores
tipo III son proteínas con siete regiones transmembrana que transfieren su
señal a una familia de proteínas que unen nucleótidos de guanina, las llamadas
proteínas G. Muchas hormonas hidrofílicas utilizan este camino de transducción.
a.
Transducción
de señal por proteínas G
Las proteínas G son heterotrímeros compuestos
por tres clases diferentes de subunidades: a, b, g. La subunidad a puede unir los nucleótidos GTP o GDP. En
estado inactivo o de reposo, el GDP está unido a la proteína G. Cuando una
sustancia señal interactúa con el receptor en membrana, este último sufre una
modificación conformacional que le permite asociarse a una proteína G en la
superficie interna de la membrana. Esta interacción causa un intercambio del
GDP unido por GTP. El receptor libera, luego, a la proteína G activa quien,
subsiguientemente, se disocia en las subunidades a y el dímero bg. Luego de algún tiempo, la
subunidad a liberada hidroliza el GTP unido
a GDP y retorna a su estado inicial de reposo. Antes de que esto ocurra, sin
embargo, el complejo GTP activado desencadena la formación de un segundo
mensajero. Existen cuatro alternativas para que esto ocurra, dependiendo del
tipo de proteína G.
1.
La
subunidad a activa una adenilato ciclasa
ubicada en la membrana que convierte ATP en AMPc (segundo mensajero). Como
resultado, la hormona aumenta los niveles intracelulares de AMPc. Algunas
proteínas G no activa sino que inhiben a la adenilato ciclasa.
2.
La
subunidad a estimula una fosfodiesterasa
específica para GMPc. Esta enzima incrementa la velocidad de hidrólisis del
GMPc, llevando a una disminución en la concentración de este nucleótido
cíclico.
3.
La
subunidad a se une a un canal iónico
resultando en la apertura de ese canal.
4.
La
subunidad a activa una fosfolipasa la que,
subsecuentemente, hidroliza a lípidos de la membrana. La más importante de
estas enzimas es la fosfolipasa C. Su sustrato, el fosfatidil inositol
bifosfato) es hidrolizado a inositol trifosfato (IP3) y
diacilglicerol. Ambos productos pueden actuar como segundos mensajeros. El
hidrofílico IP3 va al retículo endoplásmico donde estimula la
liberación de calcio desde su almacenaje. El lipofílico diacilglicerol, por su
lado, permanece en la membrana y activa a la proteína quinasa C la que, en
presencia de calcio, fosforila residuos de serina y treonina de diversas
proteínas, alterando sus actividades.
Segundos mensajeros
a.
Metabolismo
y función del AMPc
El nucleótido cíclico AMPc es sintetizado por
la adenilato ciclasa la que cataliza la ciclización del ATP para dar AMPc y
pirofosfato. La hidrólisis subsecuente del pirofosfato envía el equilibrio de
la reacción de adenilato ciclasa hacia la derecha, haciéndola prácticamente
irreversible. La degradación del AMPc a AMP está catalizada por una
fosfodiesterasa la que es inhibida por una alta concentración de xantinas
metiladas, tales como la cafeína.
La actividad de la adenilato ciclasa está
regulada por proteínas G. La mayoría de las proteínas G estimulan a la ciclasa
y, por lo tanto, aumentan el nivel de AMPc. Sin embargo, existen proteínas G
inhibitorias.
Mecanismo de acción
El AMPc es un efector alostérico de la
proteína quinasa A. La forma inactiva de esta enzima es un tetrámero. Dos
subunidades catalíticas se encuentran bloqueadas por dos subunidades
regulatorias. Cuando el AMPc se une a las subunidades regulatorias, se disocia
el tetrámero y las subunidades catalíticas se activan. La enzima activa
fosforila residuos de serina en diversos componentes. La fosforilación de
proteínas "blanco" resulta en activación (fosforilasa quinasa, por
ejemplo) o inhibición (por ejemplo con la sintetasa de glicógeno).
Existen diversos niveles de control
involucrados en la terminación de la respuesta, en el "apagado" de la
acción de un segundo mensajero. La hormona se disocia de su receptor, la
proteína G retorna a su estado de reposo, como resultado de la hidrólisis de
GTP a GDP y la fosfodiesterasa degrada el AMPc a AMP. La declinación resultante
en los niveles, tan rápida, causa un retorno rápido de la proteína quinasa A a
su estado tetramérico, inactivo.
b.
Papel
del Ca2+
En el citoplasma, la concentración de Ca2+
es, generalmente, muy baja (alrededor de 0.1 mM). Estos niveles bajos se
mantienen por "bombas" de calcio dependiente de ATP. Las moléculas
"señal" pueden disparar una elevación rápida en los niveles de calcio
en el citoplasma, como resultado de la apertura de canales de calcio en la
membrana plasmática o en las membranas de las organelas que almacenan calcio
dentro de la célula. Para estas hormonas el calcio es el segundo mensajero.
Muchos de los efectos del calcio están
mediados por calmodulina. La calmodulina es una proteína pequeña (17 kDa) que
se encuentra en la mayoría de las células animales. Su estructura
tridimensional está caracterizada por dos dominios compactos conectados por una
hélice. Calmodulina posee 148 aminoácidos. Una vez que el calcio se unió, la calmodulina
se activa y entra en interacciones regulatorias con otras proteínas,
especialmente enzimas. Este es el mecanismo por el que calcio y calmodulina
regulan la actividad de proteína quinasas, bombas iónicas, degradación de
glucógeno, contracción muscular, etc.
Las siguientes moléculas se consideran
segundos mensajeros: AMPc, GMPc, DAG (diacilglicerol), IP3 (inositol
trifosfato), calcio y ácido araquidónico. Poseen ciertas características
comunes:
·
Los
segundos mensajeros aparecen vía reacciones de cascada.
·
Sus
concentraciones intracelulares están reguladas estrictamente por señales
extracelulares, por ejemplo hormonas, neurotransmisores, mediadores, factores
de crecimiento, olores o luz.
·
La
formación de segundos mensajeros permite una amplificación de la señal, es
decir que la unión de una hormona a un único receptor puede activar más de 10
proteínas G las que, a su vez, pueden llevar a una cantidad 10 a 100 veces
mayor de segundos mensajeros.
·
La
transducción de múltiples señales vía el mismo segundo mensajero permite la
integración de efectos.
Acción hormonal en invertebrados
Se han identificado células endocrinas, en
particular neurosecretoras, en todos los grupos de invertebrados, incluyendo a
los celenterados primitivos. En la Hidra, por ejemplo, las neuronas secretan lo
que parece ser una hormona de crecimiento durante la etapa de regeneración y
crecimiento. Esto no es, tal vez, sorprendente dado que los invertebrados
comprenden la mayor cantidad de especies animales sobre la tierra y su suceso
se basa, al menos en parte, en sistemas endocrinos relativamente sofisticados.
Las acciones hormonales se han estudiado en un número limitado de especies
invertebradas, típicamente aquellas con sistemas particularmente accesibles.
Los insectos caen dentro de dos categorías,
basándose en su perfil de desarrollo: hemimetábolos exhiben una metamorfosis
incompleta y los holometábolos que exhiben una metamorfosis completa. El ciclo
vital de los insectos hemimetábolos, incluyendo los hemípteros, ortópteros
(grillos y langostas) y los dictiópteros (cucarachas), comienza con el
desarrollo del huevo a un estado de ninfa inmaduro. La ninfa come y crece y
pasa por varias mudas, reemplazando el viejo exoesqueleto por uno más blando
que se expande a un tamaño mayor antes de endurecerse. El último estado de
ninfa da origen al estado adulto. El desarrollo de los insectos holometábolos,
incluyendo a los dípteros (moscas), lepidópteros (mariposas y polillas) y
coleópteros (escarabajos), es más complejo. El huevo se desarrolla en una larva
que atraviesa varios estados. La larva se especializa en comer y, por lo tanto,
es el estado de insecto que causa el mayor daño a los cultivos. El último
estado larval muda a pupa, un estado en el que tiene lugar una extensa
reorganización para dar lugar a la forma adulta. El adulto, que muestra muy
poca semejanza morfológica con la pupa o estados previos, es el estado
reproductivo y, en algunas especies, no se encuentra siquiera equipado para
alimentarse.
Los primeros experimentos que demostraron un
probable control endocrino del desarrollo de los insectos, fueron realizados
entre 1917 y 1922 por S. Kopec, quien ligó los últimos estados de larva de una
polilla a diversos tiempos durante estos estados. Encontró que cuando la
ligadura se producía antes de un cierto período crítico, la larva pasaría a
pupa antes de la ligadura pero permanecería larva luego de la ligadura.
Cortando el cordón nervioso no veía efecto por lo que concluyó que, una
sustancia circulante inductora del estado de pupa, se originaba en un tejido
localizado en la porción anterior de la larva. Analizando diversos tejidos,
Kopec encontró que la remoción del cerebro impedía el cambio a pupa y que la
reimplantación del cerebro permitía que prosiguiese otra vez. Subsecuentemente,
se encontró que una neurohormona secretada por las células en el cerebro
estimulaba a las glándulas protorácicas, el tejido que elabora la hormona
inductora de la muda. De esta manera, ligando en la posición posterior a las
glándulas torácicas, luego de su activación por la hormona derivada del
cerebro, se previene el cambio a pupa del abdomen. El cambio a pupa puede ser
iniciado implantando glándulas torácicas activadas en el abdomen aislado.
La estructura de los insectos los hace
particularmente útiles para demostrar el control humoral de la muda y
metamorfosis. Por ejemplo, es posible llevar a cabo experimentos de parabiosis
prolongados en los que dos insectos o dos partes de un insecto se mantienen
unidas de manera que comparten una misma circulación, intercambiando fluidos
corporales. Ventanas hechas de un vidrio muy delgado permiten observar los
cambios de desarrollo en los tejidos de las diferentes partes.
Se conocen cinco hormonas principales, tres
de ellas producidas por células neurosecretoras, que controlan el desarrollo en
insectos:
|
Hormona |
Tejido de origen |
Estructura |
Tejido efector |
Acción primaria |
Regulación |
|
Bursicona |
Células
neurosecretoras en el cerebro y cordón nervioso. |
Proteína (PM 40000). |
Epidermis |
Promueve
el desarrollo de la cutícula; induce el bronceado de la cutícula de los
adultos que recién mudaron. |
Estímulos asociados con la muda promueven
la secreción. |
|
Ecdisona
(hormona de la muda) |
Glándulas
protorácicas, folículo ovárico. |
Esteroide |
Epidermis,
grasa corporal, discos imaginales. |
Aumenta
la síntesis de ARN, proteínas, mitocondrias y retículo endoplásmico; promueve
la secreción de nueva cutícula. |
La PTTH estimula su secreción. |
|
Hormona
ecdisona |
Células
neurosecretoras en cerebro. |
Péptido |
Sistema
nervioso. |
Induce
la emergencia del adulto desde pupa. |
"Reloj" endógeno. |
|
Protorácico trofina
(PTTH) |
Células
neurosecretoras del cerebro. |
Proteína pequeña (PM 5000) |
Glándula
protorácica. |
Estimula
la liberación de ecdisona. |
Diversos estímulos ambientales e internos
(fotoperíodo, temperatura, cantidad de individuos) promueven su secreción; la
JH inhibe su liberación en ciertas especies. |
|
Hormona
juvenil (JH) |
Corpus
allatum |
Derivado de ácidos grasos. |
Epidermis,
folículos ováricos, glándulas sexuales accesorias, grasa corporal. |
En la
larva, promueve la síntesis de estructuras larvales e inhibe la metamorfosis.
En adulto, estimula la síntesis y captación de ciertas proteínas, activa los
folículos ováricos y las glándulas sexuales accesorias. |
Factores estimulatorios e inhibitorios
desde el cerebro son los que controlas su secreción. |
Hormonas que estimulan el desarrollo en
insectos:
·
Hormona
protorácico trofina (PTTH): es una neurohormona producida por células
neurosecretoras que poseen sus cuerpos celulares en la pars intercerebralis del
cerebro. La PTTH parece ser una proteína pequeña con un peso molecular de
alrededor de 5000.
·
La
hormona juvenil es sintetizada y liberada desde una zona cerebral llamada
corpora allata; son glándulas apareadas no neuronales análogas, en cierta
medida, a la glándula pituitaria. En insectos pueden encontrarse varios
análogos de la hormona juvenil; todos poseen una estructura de ácido graso
modificado.
·
Ecdisona,
producida por las glándulas protorácicas, es sintetizada a partir del
colesterol. Estructuralmente es muy semejante a las hormonas esteroides de los
vertebrados, pero contiene más grupos hidroxilo.
·
La
hormona de eclosión, una neurohormona peptídica, es liberada por células
neurosecretoras cuyos terminales se encuentran en la zona corpora cardiaca, que
son órganos neurohemales apareados en la parte inmediata posterior del cerebro.
·
Bursicona,
también una neurohormona, es producida por otras células neurosecretoras del
cerebro y cordón nervioso. Es una proteína con un peso molecular de alrededor
de 40000.
La PTTH es transportada por vía axoplásmica a
lo largo de axones de las células neurosecretoras hacia depósitos de
almacenamiento, u órganos neurohemales, formados por los terminales axonales.
El corpus cardiacum parecía ser el órgano neurohemal que almacenaba y liberaba
a la PTTH, pero evidencias más recientes obtenidas a partir de la polilla del
tabaco, Manduca sexta, indicaron que los axones de las células cerebrales
neurosecretoras productoras de PTTH pasaban a través del corpus cardiacum y
finalizaban dentro del corpus allatum, localizado en la terminal posterior del
corpus cardiacum. De esta manera, parece ser el corpus allatum el sitio en el
que los terminales neurosecretores liberan PTTH al torrente sanguíneo. Queda
por establecerse si esto es cierto para todos los insectos.
Luego de su liberación a la sangre, PTTH
activa a la glándula protorácica para sintetizar y secretar el factor inductor
de la muda, la a-ecdisona. Los insectos
requieren colesterol en sus dietas para sintetizar esta hormona esteroide. Se
piensa que la ecdisona es una prohormona convertida a la forma fisiológicamente
activa, 20-hidroxiecdisona (b-ecdisona), en tejidos
periféricos.
La hormona juvenil, actuando en conjunto con
la b-ecdisona, promueve la retención
de las características inmaduras (juveniles) de la larva, retrasando la
metamorfosis hasta que el desarrollo larval sea completo. La presencia de
hormona juvenil en el estado de ninfa temprano fue demostrada a mediados de
1930 con los experimentos de V. B. Wigglesworth, en los que el acoplamiento
parabiótico de un estado de ninfa temprano a uno tardío prevenía la maduración
de este último hacia la adultez. La concentración circulante de hormona juvenil
es máxima en los estadios tempranos de la larva y bajan a un mínimo al final
del período de pupa. La metamorfosis al estado adulto ocurre cuando la hormona
juvenil desaparece de la circulación. La concentración vuelve a aumentar en el
adulto reproductivamente activo. En los machos de algunas especies de insectos,
la hormona juvenil promueve el desarrollo de los órganos sexuales accesorios;
en muchas hembras de insectos, induce la síntesis del "saco vitelino"
("yolk") y promueve la maduración de los huevos.
De esta manera, el desarrollo normal de un
insecto depende de un ajuste preciso de las concentraciones de hormona juvenil
en cada etapa. El papel de esta hormona es, en alguna medida, análogo al de las
hormonas tiroideas en la regulación del desarrollo anfibio. En ambos casos, una
perturbación en la relación entre concentración hormonal y estadio de
desarrollo, lleva a un desarrollo anormal. Debido a su potencia para prevenir
la maduración de los insectos, la hormona juvenil y sus análogos sintéticos son
medios promisorios, no tóxicos y ecológicamente sensibles para combatir a los
insectos y contra los cuales es muy difícil que desarrollen resistencia.
Durante el desarrollo y crecimiento de los
insectos, la epidermis sufre cambios conspicuos incluyendo la producción de
cutícula, la cobertura externa de quitina. Por lo tanto, debe prestarse
atención particular a la producción de la nueva cutícula, su oscurecimiento y
la pérdida de la vieja durante la muda. Las hormonas PTTH, juvenil y la b-ecdisona, están todas involucradas en el
comienzo de la muda. La ecdisona, secretada por las glándulas protorácicas en
respuesta a la estimulación por PTTH, actúa sobre la epidermis para iniciar la
producción de la nueva cutícula, que comienza con apolisis, el desprendimiento
de la vieja cutícula de las células epidérmicas subyacentes. Las células
epiteliales comienzan, luego, a sintetizar el material para la nueva cutícula,
mientras que la antigua es parcialmente digerida por las enzimas del fluido de
la muda, secretado por la epidermis. A mayores concentraciones de hormona
juvenil, se forma un tipo de cutícula larval, mientras que a concentraciones
bajas, se produce un tipo de cutícula adulta y siguen otros eventos de
metamorfosis.
Dos hormona adicionales, la hormona de
eclosión y la bursicona, son responsable de promover la fase terminal del
proceso de muda. La pérdida de la cutícula de la pupa, llamada ecdisis, es
disparada por la hormona de eclosión, al menos en ciertas especies
holometábolas. La cutícula suave y pálida de un insecto que recién ha mudado,
se expande por movimientos respiratorios del insecto al próximo tamaño, antes
de endurecerse, o se oscurece, bajo la influencia de la bursicona.
Las interacciones hormonales que regulan la
metamorfosis de la Hyalophora cecropia, un insecto holometábolo, se resumen tal
como sigue.
La liberación de PTTH inicia el estado de
larva y estimula a la glándula protorácica para secretar a la hormona ecdisona
(hormona de muda). El crecimiento continúa a través de una serie de estadios,
que permanecen como larva hasta que la concentración de hormona juvenil
permanece por encima de un mínimo. Este proceso de crecimiento y muda se
completa, generalmente, en cuatro o cinco estadios, durante los cuales la
concentración de hormona juvenil declina progresivamente. Una vez que los
efectos de la hormona juvenil desaparecen, la larva muda al estadio de pupa. La
pupa es el estadio en que la polilla, por ejemplo, permanece durante el
invierno. La exposición prolongada al frío estimula la liberación de hormona
PTTH en la pupa, induciendo la liberación de ecdisona; en ausencia de hormona
juvenil, la ecdisona induce el desarrollo de la pupa al estado de polilla
adulta.